Cada ficha resume el origen, para qué sirve, cómo se usa y cuáles son sus límites. Ningún método reemplaza el juicio: ordenan la conversación, no la terminan.
Para qué sirve: justificar estrategias de volumen y participación de mercado: quien produce más, aprende más rápido y puede tener costos más bajos.
Límites: supone que la ventaja de costos se mantiene; en industrias donde el aprendizaje se copia rápido o la tecnología cambia de golpe, la ventaja desaparece.
Los cuatro cuadrantes: estrellas (alto crecimiento y alta participación), vacas lecheras (bajo crecimiento y alta participación), interrogantes (alto crecimiento y baja participación) y perros (bajo crecimiento y baja participación).
Para qué sirve: decidir dónde invertir, dónde cosechar caja y qué abandonar.
Límites: usa solo dos variables; una "vaca lechera" puede necesitar inversión para no perder su posición, y un "perro" puede ser estratégico para el resto del portafolio.
Por qué nació: General Electric administraba un portafolio muy diversificado y necesitaba una herramienta más matizada que la matriz de BCG.
Límites: el resultado depende de qué factores se eligen y cómo se ponderan; conviene explicitar los criterios para que la matriz no termine justificando una decisión ya tomada.
Origen: no lo creó una consultora sino un académico de Harvard, en un artículo de Harvard Business Review. Porter llevó después sus ideas a la práctica: en 1983 cofundó la consultora Monitor, que Deloitte compró en 2013.
Para qué sirve: entender por qué algunas industrias son más rentables que otras y dónde está la presión sobre los márgenes.
Límites: es una foto de la industria; no captura bien los ecosistemas digitales ni las industrias que cambian rápido.
Para qué sirve: evitar que la urgencia del negocio actual se coma toda la inversión en el futuro.
Límites: la proporción de inversión entre horizontes que circula en internet (por ejemplo, 70/20/10) es una regla popular, no parte del texto original.



